No tengo que hacer nada.
Solo ser lo que ya Soy…
y permitir que mi ser obre, silenciosamente, en el mundo ✨.
Me siento más pleno en el silencio que en la explicación.
Hay en mí una certeza suave: mi presencia, cuando está afinada, comunica más que mis palabras 🌿.
Mi cuerpo comienza a elegir lo esencial:
la comida más viva, la palabra más clara, el gesto más sincero.
La vida me invita a lo simple, a lo natural, a lo verdadero.
Me atrae lo circular, lo horizontal.
Encuentros sin jerarquías ni máscaras, donde el alma se reconoce sin necesidad de nombres ni títulos 🌀.
A veces me pregunto si estoy haciendo “demasiado poco”…
y ahí comprendo que es la mente la que aún quiere medir lo que el alma ya está viviendo.
Yo ya estoy siendo. Y eso basta.
Celebro sin buscar protagonismo.
Doy sin dejar huella.
Deseo que el bien que brota de mí no tenga autor…
que sea como el viento: libre, anónimo y benéfico 🌬️.
Elijo la belleza sobria.
Una flor colocada con intención. Un cuenco vacío que espera. Un cuaderno abierto en silencio.
Lo simple, cuando está habitado con presencia, se convierte en altar 🌸.
Habito el tiempo sin ansiedad de propósito.
A veces, mi única tarea es estar disponible…
como un faro encendido, aunque nadie lo mire 🌊.
Dejo que lo que hago nazca de lo que soy,
no de lo que creo que debo ser.
La acción verdadera no responde a la urgencia,
sino al pulso sereno del alma 🕊️.
El viejo impulso de "ser útil" se disuelve.
Ya soy útil por vibración, no por función.
Soy valioso por el solo hecho de existir.
No necesito probar nada.
Mi existencia es suficiente.
Y ya no interpreto ningún papel.
Lo que soy se expresa como una fragancia sutil,
que emana sin esfuerzo…
y deja, a veces, un rastro de luz.
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